♣ El Último Suspiro…(Relato)

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Me despertó el resplandor de aquel relámpago al que siempre acompaña un estruendo, clara evidencia… que generan dos nimbos al tocarse, como si de Amantes se tratase.

Me inquiete y al abrí los ojos en la penumbra de mi alcoba, vislumbre tu  distinguida silueta, mientras el grito enfurecido de la lluvia golpeaba mi ventana y  un nuevo rayo  iluminaba tus verdes ojos. Estabas reposado en el marco de la puerta, exánime en silencio… mirándome y sin perder la costumbre, con ese gesto tan habitual que te caracteriza… acariciabas tu barba, esbozando una media sonrisa, picaresca y tierna.

 Mientras…tu impúdica mirada alteraba ese revoloteo de mariposas inquietas estremeciendo invariablemente la exaltación  de mi piel, que avivas tan solo con mirarme… tú y tus encantos  de seducción, continuamente  soliviantando, esa conmoción indescriptible, irracional e incluso sicalíptica de ansias contenidas en breves espacios de tiempo.

Extendí mi mano, en un gesto de acariciar la tuya, las yemas de mis dedos trémulos solo deseaban rozarte…para sentirte a mi lado. Mientras tanto  la tormenta caprichosa, confería resplandores en la penumbra del habitáculo, reafirmándome la evidencia, de que estaba despierta y tu frente a mí.

Los instantes de albor,  permitían que nuestras miradas se unieran en un silencio mudo  de palabras, expresando todo sin decir absolutamente nada. Y acariciaste mi mano, sentí el calor de tu piel fusionada en la mía, cálida, tierna, enérgica…  volviendo a mi esas sensaciones ya olvidadas, pero eternamente presentes en mi vida.

Tu esencia varonil, acondicionaba la habitación, testigo evidente de tantas noches negadas. Una lejana melodía muy conocida… se acoplaba  perfecta entre el lamento de la lluvia y el grito callado de estrépitos que  entre sombras y aroma a jazmín e incienso me transportaba a otras tierras que nunca había pisado, pero conocía muy bien, porque se mantenían impregnadas en mi piel y en mi memoria, armonizando ese instante que absorbía sin esperas.

Cerré mis ojos y volví a abrirlos, descubriendo de nuevo tu mirada a escasos centímetros de la mía. Sentí tu aliento al acercarte a mi boca, enloquecía por saborear la dulce e húmeda sensación atrapando mis labios, un tierno y  apasionado libar de saliva compartida plácidamente  que insaciable nos deleitaba sin liviandad consciente.

Fundiéndonos en un abrazo.

Continuara…

Dama Enigmática

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